INDUSTRIA DIVINA
Por Horacio Marchand
Doctores en neurología, medicina general, teología, filosofía y psicología, se reunieron a discutir si los humanos teníamos una programación genética, o una propensión estructural, para creer en lo divino. Aunque controversial, la conclusión pareció ser que sí. Que sí somos propensos a buscar y a formatear nuestra existencia basándonos en creencias supranaturales.
Es decir, el qué -la creencia de que existe algo más allá- está dado; pero lo que caracteriza el discurso humano es el cómo y con qué religión o creencia asumimos esta divina propensión.
Hay religiones que aseguran que sólo los que la siguen y la profesan serán salvados; hay religiones que aseguran que todo mundo será salvado independientemente del formato elegido; hay religiones que preguntan, ¿salvados de qué?; hay religiones que piensan en la vida eterna y la transmutación espiritual; hay religiones que piensan en la reencarnación terrenal; y en todos los casos están los individuos que tienen su propia visión e interpretación.
Y eso que, en la otra esquina, están los no creyentes que tampoco se ponen de acuerdo. Unos dicen que Dios no existe y punto; otros que sí pero que no como un Dios personal; otros que Dios es más grande como para ocuparse de las vidas individuales y pequeñas; otros que Dios es una naturaleza cósmica, y así sucesivamente.
En mi caso me considero más espiritual que religioso, pero de lo que no tengo duda es del Papa Juan Pablo II. De su rol, su liderazgo, su carisma divino.
Era el año de 1979, los tiempos en que todavía el Papa salía a saludar a los que se reunían en la Plaza de San Pedro. Con orden, pero sin las barreras que lo rodeaban tras el atentado contra su vida, el Papa salía a hacer contacto personal con sus seguidores que se montaban en una plataforma para poder verlo mejor.
Sin palancas para una audiencia particular y con 19 años de edad, me lancé a ver si podía ver al Papa, aunque fuera de lejos. Llegué un poco tarde y ya el gentío bloqueaba la vista al Papa. Los gritos y aplausos de los ahí presentes confirmaban su presencia.
Utilizando el oído como guía, me fui moviendo hasta que me filtré en medio de un grupo de escandalosas muchachas que atrajeron al Papa. Derechito llegó ahí y se plantó; observé, perplejo, que estaba frente a mí. Empezó a saludar a las gritonas, una por una; a mí el Papa no me prestaba atención ya que la exuberancia de las jóvenes me opacaba.
Tímidamente toqué al Papa en su hombro izquierdo. No lo podía creer. Lo volví a tocar, otra vez en su hombro. Sentí electricidad en mi cuerpo. Lo volví a tocar y la alegría era inmensa. El Papa continuaba saludando a las muchachas.
Y lo vuelvo a tocar, por cuarta vez, ahora en su cabeza; y lo hice todavía dos veces más, quería abrazarlo y no soltarlo, quizá llevármelo a casa. Nunca supe si se dio cuenta de mí porque no me miró; pero yo lo toqué.
Me bajé del tapanco y corrí hacia ningún lado. Reía casi a carcajadas. Si Dios se puede tocar, yo sentí que lo había tocado. La euforia me atrapó; sonriendo, no dejaba de mirarme la mano.
Pero el Papa es una cosa; la iglesia es otra. Es que, aparte de entidad de Fe y de salvación, la iglesia puede verse como una institución que tiene competencia, que lucha por incrementar su penetración de mercado, que puede definir mercados meta y subdividirlos en segmentos, que puede planear su comunicación.
Aunque pueda incomodar a algunos, las iglesias son instituciones humanas que tienen problemas y retos terrenales. Algunos de la Católica:
· La cantidad de católicos cae en la región de América Latina, donde radican cerca de la mitad de los 1,071 millones de seguidores.
· En México los creyentes católicos representan hoy 88 por ciento de los 102 millones, casi 10 por ciento menos que a mediados del siglo XX.
· En 1978 los católicos representaban 17.9 % de la población mundial; hoy en día bajó a 17.2 % (a pesar del crecimiento poblacional).
· Datos del Anuario Pontificio, indican que el número de sacerdotes ha caído 3.7 por ciento y el de monjas 20.9 por ciento durante los últimos 26 años.
No necesariamente es que los católicos abandonan la Fe, sino que buscan encontrar respuestas en otro formato. Algunas de las cosas que pueden desincentivar a fieles católicos, actuales o potenciales: 1.- La discriminación contra las mujeres, 2.- El celibato de religiosos, 3.-La gestión autocrática, 4.- Ceremonias que algunos jóvenes les parecen aburridas (sólo 40% de los creyentes asiste semanalmente a misa/World Values Survey), 5.-Las reglas alrededor de la planificación familiar y del uso de preservativos.
Entre los retos del nuevo Papa, aparte de los mencionados, estarán el catolicismo en China y la India, dos potencias mundiales; el desánimo europeo que juzgan cayó en el materialismo; la expansión del SIDA por África; las nuevas religiones que invaden la región de Latinomérica.
El carisma del Papa era tan grande que parece haber rebasado cuestiones estratégicas, normativas, de gestión, de influencia y de proselitismo mercadológico (entendiéndolo como la actividad de entregar propuestas competitivas a través de la sensibilidad y satisfacción del mercado meta).
Mi apuesta del nuevo Papa: un hombre, espero en un futuro no muy lejano una mujer, que sea moralmente íntegro, espiritualmente elevado, práctico en la operación, religioso, pacifista, humanista, mercadólogo con inspiración divina y sensibilidad al mercado, de nacionalidad española para que le meta energía a Europa y refuerce nexos con Latinoamérica. Hacen mucha falta líderes espirituales en el mundo, esta es una gran oportunidad.
Las estructuras y las instituciones se debilitan cuando se encierran y se ensimisman en la tradición; las estructuras y las instituciones se debilitan cuando se mueven, como veletas, sin propuesta, hacia donde las muevan las masas.
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